Entrañablemente, por Renato Rita

Evidentemente las circunstancias actuales trasuntan una perturbadora tensión.
Tanto los cataclismos naturales como los enfrentamientos religiosos nos ponen en la frecuencia primitiva: el origen, la supervivencia. Y, sin lugar a dudas, el componente vital más apto para relacionarse con esta perturbación es el instinto. Este complejo de reacciones exteriores y determinadas, comunes a todos los individuos de la misma especie y adaptados a una finalidad, de la que el sujeto que obra no tiene conciencia, el instinto según el diccionario, fue ocurrencia temática de Cynthia Cohen para esta oportunidad.

La intuición del instinto

La capacidad de intuir es un elemento constitutivo en la materia prima intelectual del arte; Le Corbusier sentencia que el arte contemporáneo es razón e intuición.

Rastro, huella, resquicio, celaje, términos algunos que tratan de advertirnos sobre imágenes propuestas por Cynthia, impregnándonos con el tono realista afianzado en la agobiante proporción del “cartel”; y así un hombre el búho, Eva inmanente y otras apresuran, en un primer movimiento, la textura inocente que el desmesurado cuadro nos narra. Una tenue atmosfera trágica merodea la apariencia gigante cuyo sentido está destinado a la forma en que nuestra intuición rescata el “encuentro” grotesco. Entonces se observa la lucha por un deseo de significado ante la autoridad significante de la imagen. Y es en esta apertura donde se filtra la instancia que la obra sostiene: la demoledora acechanza de la soledad, de la que el instinto nos previene. Este cálculo es de presencia recurrente en la obra de Cynthia, no por la representación, sino por la manera en que emplaza al espectador, situándola frente a lo fácilmente discernible, con una intensidad que lo deja solo entre el cuadro y su pregunta. Renato Rita S. XXI